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La Coctelera

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Pensamientos, reflexiones y cafeína...

Categoría: La Playa

16 Enero 2009

La Playa. La nota... (10)

Max lo había pasado mejor de lo que esperaba, era la primera vez que salía a cenar en mucho tiempo con alguien que le gustara de verdad desde lo se Silvia. Había sido una cena tranquila, sólo habían hablado, para su sorpresa, de cómo eran y de su pasado. Era gratificante tener a alguien que se interesara por ti.

Pero cuando llegó a casa se encontró con algo que realmente no esperaba.

Por debajo de la puerta habían colado una carta. El sobre estaba cerrado y no tenía nada escrito. Lo abrió con rapidez. No podía imaginarse lo que había dentro escrito.

 


‘¿De verdad crees que puedes salir corriendo de esa manera? 

Sé demasiadas cosas sobre tu pasado como para conseguir tu ruina. 

Así que ten cuidado…’

 


Enseguida pensó en Silvia. No era propio de ella, ¿pero quien sabe cuan enfadada estaría?

Se sentó en el borde de la cama, en la oscuridad, sin ni si quiera quitarse la ropa o los zapatos que había llevado en al cena. Nadie lo sabía excepto ella. Estaba asustado, aquello podría llevarle a la cárcel si el motivo era el que estaba pensando. Necesitaba relajarse, tanto nerviosismo le estaba destrozando la cabeza, y ya empezaba a pensar demasiado.

 

En la oscuridad de la habitación volvió a pensar en Silvia, y en lo que ella estaría haciendo. Le entraron ganas de gritar pero se retuvo. Decidió tomar una ducha fría.

Luego, no le quedó más remedio que meterse en la cama y esperar a que el sueño pudiera con él. Tal vez dormiría hasta tarde, no le apetecía ir a trabajar.

 

¿Debía ir a la policía? Finalmente se quedó dormido al son de sus pensamientos, con la musicalidad de las múltiples respuestas resonando en su cabeza…

 

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26 Diciembre 2008

La playa. Una cena de historias. (9)

Un par de horas mas tarde y miles de camisas después, Max y Rachel acabaron con aquella estresante tarde de compras. De hecho, se les había pasado la tarde volando, pero se hacía tarde, y unicamente un café espumoso habría podido detener a Max, solo que éste solo le dijo:

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- No. He de irme, y no hay nada que puedas hacer para detenerme.- contentó como respuesta a las multiples proposiciones de Rachel para tomar algo en lugar de acudir a esa cena
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- Debe estas muy buena para que te intereses tanto en ella.- añadió Rachel entre risas. Luego se le añadió Max.
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Pero al final el se fue a casa para prepararse para la cena. Una ducha. Camisa blanca. Pelo ligeramente ondulado. Americana vaquera. Zapatos negros. En menos de diez minutos estaba listo. Aunque tenía su dirección, Georgia le había comunicado que ella llegaría al restaurante, que n hacía falta que la recogiera. En cierto modo fue un alivio para Max. No le gustaba tener que llevar a sus citas a su casa, sobretodo si la cena no había sido lo que esperaban.
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Entró al restaurante. Llegaba un cuarto de hora antes, asi que se sentó en la barra  pidió una copa mientras esperaba. El local estaba practicamente vacío, pero poco a poco empezó a llegar gente. Cinco minutos. Diez minutos. Veinte minutos tarde. Pensaba que ya no llegaría, y justo cuando daba el ultimo trago al segundo Martini Sarah Sullivan hizo su entrada triunfal.
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Un destello rojo inundó el recibidor. Llevaba un vestido corto del mismo color que el carmín de sus labios, unos labios que en eseintante se le antojaron muy apetecibles a Max. Pero simplementese levantó del taburete y se dirigió a saludarla.
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''Creo que no voy lo suficientemente elegante.''  se dijo a sí mismo.
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- Disculpa por estas pintas...- refiriendose al vestido- Tenía una fiesta a la que debía acudir, y tenía que arreglarme un poco.
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- No importa. Estas preciosa.- dijo Max, Aunque de hecho, habría querdo decirle mas cosas. Pero pensó que no era el momento.
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Los acomodaron en una mesa apartada del restaurante. Mientras tomaban algún que otro aperitivo de salmón charlaron sobre trabajo, aunque Max insistió en aparcar ese tema. Sarah parecíaalgo reacia a habalr sobre ella msima, y y su pasado emepzaba a ser un misterio para cualquiera que la conociera.
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- Bueno, entonces ¿como has llegado hasta aquí? Pensaba que un editor de tu fama y renombre...
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''Conseguido por medios poco recomendales.'' se dijo Max.
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- ...estaría en la gran ciudad recaudando dinero para comprarse un par de coches de lujo y dos o tres mansiones junto a su joven y hermosa esposa. - lo dijo con uns sonrisa pero a Max le pareció que había cierto regusto amargo en sus labiso al repetir esas palabras.
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El editor se quedó en silencio. Le había calado.
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- Disculpa, no quería ofenderte.- dijo ella rápidamente con una mirada escrutadora, curiosa.
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- No importa. En cierto modo es cierto lo que dices.-torció sus labios en una forzada.- El problema es que yo era la joven esposa. Huí de allí porque me dic uenta de que estaba siendo una mala persona.- la miró a los ojos. Y lo cierto es que aquel rostro, aunque ya lo había visto cientos de veces, le seguía resultando familiar, como si la hubiese visto hacía mucho tiempo.
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Casi sin darse cuenta habían llegado a los postres. Trarta de chocolate con coco. Se relamia con solo pensarlo.
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- Y ¿quién era ella?- preguntó Sarah dejando caer la pregunta.
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- Silvia Haussman. Modelo y actriz en sus ratos libres. -dijo, auqnue evidentemente la conocía.- Bastante mala actriz debo añadir. Aunque una sonrisa cautivadora y dulce. 
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Sarah incó el tenedor en la tarta, a la espea de una buena historia.
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- Pero cometí el error de creer que no sería tan caprichosa como yo lo era, ni tan egoísta comola mayoría de los famosos, ni tan materialista como gran parte de los modelos y actrices. Hay excepciones, por supuesto, per es que ella o tenía todo y lo ocultaba bajo quella apariencia de dulcura e inocencia.- Se estaba desahogando de una modo que no imaginaba. Ni siquiera sabía que pensaba todo aquello. Simplemente era rabia comprimida, trató de comvencerse.
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- ¿Que pasó, Max?- preguntaron los labios desteñidos de rojo y chocolate.
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- Se cansó demi, y de mantenerme. Por suerte yo tenía talento en el trabajo que me había conseguido de editor. Creo que malgasté toda mi buena suerte con Silvia.
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También cogió un tenedor y porbo la tarta. El chocolate actuó de calmante para sus emociones. Ella le sonrió. Aunque no supo descifrar bien el significado de aquella sonrisa. Parecía de compasión, pero había algo mas. A Max le pareció ver... ¿malicia?
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Sobre mí

¿Quién soy? Amante de la tragi-comedia, de los helados de colores, los espacios sin humo, los gatos de peluche, del agnosticismo y del agua mineral. Con una aficion extraña por doblar con voces ridículas peliculas o conversacion ajenas y un afán por terminar de escribir la novela que le prometí. ...Y quizas demasiado esceptica para mis 18 años. My Flower

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