Los granos de arena se colaban entre los labios, que se esforzaba por mantener cerrados. Los ojos los tenía hinchados, le picaban, pero resistió el casi irrefrenable deseo de rozarlos con los dedos.
El viento huracanado azotaba sus cabellos, sin dejarle un segundo para recobrar el aliento. Se levantó del montón de arena, y logró avanzar dos pasos sin hundirse, aunque al tercero volvió a desaparecer entre las dunas.
Una gota de agua le habría ayudado a continuar. Pero ya no le quedaba.
Entonces lo vio. Por su cabeza cruzó la posibilidad de que fuera solo un espejismo. Pero no sentía nada a su alrededor, ya no sentía el viento, ni la arena arañando su rostro. Su meta eran aquellas palmeras, la fresca sombra que ofrecían y un poco de agua de su minúsculo lago.
Extendió una mano, como si quisiera alcanzarlo con los dedos. Y en ese momento perdió la consciencia, todo se volvió oscuro.
Unas gotas de agua refrescaron sus labios, devolviéndole al mundo real. A un oasis real, para su sorpresa. Bebió como si no lo hubiera hecho en más de cien años. No sabía a quien pertenecían, pero al fin y al cabo no recordaba ni quien era ella misma.
Aunque era posible que su salvador, o salvadora, supiera quien era ella. Porque sólo sabía que era una chica que no conocía su identidad que estaba perdida en medio del desierto.
- ¿Estas bien?-preguntó una voz masculina detrás de las telas que cubrían su rostro.
Como si hubiese leído su pensamiento él hombre desconocido se quitó la tela que ocultaba su rostro. Era extraño, no le conocía, pero era como si algo le uniera a él.
No pudo articular palabra.
- ¿Como te llamas?-pregunto de nuevo. Su voz denotaba un cierto temor y preocupación.
- No lo se...-logró decir.
El extraño hombre la ayudó a sentarse en el suelo. NO reconocía sus propios ropajes. Era ¿ropa del desierto? Lo último que recordaba era... ¡no recordaba nada!
Y... ¿Porque estaba en el desierto? Al menos estaba segura de que ella no vivía allí, y no se le ocurría ningún motivo por el que pudiera haber pisado aquellas tierras.
Él dueño de aquellos ojos color miel y tez bronceada por el sol, parecía misteriosos pero continuó con su investigación.
- Parece que padeces amnesia...
‘‘¿Ahora es médico?'' resonó como un eco histérico dentro de la cabeza de la chica.
- Ems... Gracias por 'salvarme'-dijo la chica-Pero... ¿quién eres?
A la chica le pareció que el chico se sorprendía por su pregunta, y se lo confirmó la risa que escuchó después de los labios de aquel hombre.
- Me lo preguntas tú, que no recuerdas quien eres...-murmuró en un volumen apenas audible.
La miró a los ojos antes de responder.
- Alexander,- dijo en un tono mas serio- y tú deberías intentar recordar el tuyo, de lo contrario será muy difícil dirigirme a ti si te llamo 'Desconocida'.-su rostro continuaba relajado pero escrupuloso, sin embargo dibujo por un instante lo que a ella le pareció una sonrisa.
- Y ya va siendo hora de que te levantes, Desconocida, no tardarán en llegar...
Ella le miró expectante, sin saber a que se refería, pero tomó la mano de Alexander y se levantó, casi sin hacer esfuerzo.
Alexander volvió a reír, por lo visto le hacía gracia comprobar que de nuevo sabía algo más que

Hola :)
Me gusta tu texto.
Y Parménides me venía de perlas para explicar lo de la esencia XD
Te leo, un besito.
Por cierto, yo me llamo Anne :)
Muy bonito relato, me quedo con las ganas de leer más...